martes, 1 de diciembre de 2020

Cuándo me di cuenta de que me gustaba escribir

Saludos querido lector... si es que alguien alguna vez lee esto.  Mi seudónimo es Marleth Graham y es el nombre que voy a utilizar.   Este blog tiene como fin escribir para desarrollar los ejercicios de escritura creativa del curso que estoy haciendo y alguna que otra cosita.  Es un cuaderno de práctica, tal como dice su nombre.  

Cuando tenía 12 años comencé a escribir sin proponérmelo.  En ese entonces, mi mejor amiga se llamaba Leejin y era de Sur Corea.  Estudiábamos en el mismo colegio; pero nuestras clases no coincidían, cosa que me molestaba.   

Primeros pinitos

Era, si mal no recuerdo, 1982.  Éramos unas niñas que ya nos comenzaban a gustar los chicos.  A ella le gustaba un actor de televisión y a mí un cantante.  Así que nos inventamos unos personajes y nuestros novios imaginarios eran precisamente nuestros "crush".

Durante la semana, ella me escribía una historia de amor con "mi chico" con el compromiso de que yo hiciera lo mismo.  Luego, el fin de semana nos intercambiábamos las historias. 

Sin embargo, a Leejin le gustaba mucho escribir y no podía esperar hasta el fin de semana.  Así que creo una especie de búsqueda del tesoro.  Escribía noticas, las escondía y posteriormente cuando coincidíamos en los abarrotados pasillos de la escuela me informaba el lugar donde había "depositado" la encomienda. 

Me fascinaba ir a buscarlas.  

Yo comencé a hacer lo mismo.  Armada con cinta pegante, le dejaba sus notitas pegadas en lugares estratégicos; por ejemplo, detrás del bebedero de agua del segundo piso; en el 4to pupitre de la 2da fila del salón de lenguaje, pegado debajo de la mesa que está entrando a mano derecha en la biblioteca...

En fin, una maravillosa búsqueda del tesoro.

Tengo que confesar que Leejin era más creativa que yo.  Hacía unas historias románticas corticas y yo me las copiaba, cambiándole el lugar.  Un año después, nos mudamos y perdí a esa maravillosa amiga que aún hoy recuerdo con tanto cariño.

1983

En la nueva escuela, hice un grupo de seis amigas (7 conmigo).  Por esa época estaba muy de moda una banda británica llamada Durán Durán y a 4 de nosotras nos gustaban los integrantes quienes eran nuestros "ultimate crush".  

De esas 4 chicas, había una con la que yo me la llevaba súper, Renee.  Le pregunte si quería que le escribiera una historia de amor con su crush y ella igual con el mío.  Y allí comenzó otro maratón de historias de amor; pero esta vez no tan complicado porque teníamos como 4 clases en común.

Renee era increíblemente creativa y no me copiaba mi historia.  De hecho se inventaba unas cosas emocionantes.  Fue entonces cuando me di cuenta que no había necesidad de copiar sino de "crear" y comencé a hacer lo mismo.   

Era como el ver el capítulo de la semana de tu serie favorita y esperar con ansías el siguiente capítulo. 

1984

Un año después nos mudamos de nuevo.  Ya estaba más grandecita y en el nuevo lugar no sentí necesidad de hacer esas historias de amor con otras personas.  Me encerraba en mi cuarto en la noche a escuchar en la radio el programa "Solo para enamorados" y esas canciones me arrancaban palabras, lágrimas e historias de amor de mi corazón.  

Entonces escribí, escribí miles de historias chiquitas que guardé en cuadernos y que nunca mostré por temor a hacer el ridículo.   

Recuerdo que llegué a comentar dos o tres veces que me gustaba escribir historias de amor y la gente me decía con cierta burlita "entonces vas a ser la próxima Corín Tellado"; burlita que me parece hoy en día absurda siendo que esta dama fue una autora exitosa.

2020

Seguí escribiendo, a medida que pasaba el tiempo más de vez en cuando hasta que ahora todo está en mi cabeza.  Cuesta un poco llevar al papel porque tengo ciertos temores y bloqueos.  Pero hoy decidí que quiero superarlos y más por algo súper desagradable que me sucedió hace casi una semana y que quizá les cuente en otro momento.

Marleth


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